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El otro grupo Plaza


La historia política del país está compuesta por infinidades de historias mínimas, acotadas por coordenadas espacio-temporales; los círculos personales donde se tejieron relaciones de poder, de amistades, familiares, amoríos, traiciones y tradiciones de conducción política se reducen y aclaran. Por eso, valiéndonos de estos parámetros, los emplearemos para aportar a la construcción de nuestra historia nacional.

Por Nicolás Aristi, Rocío Rajoy, Silvana Valiente, Paula Noli, Matías Espina y Carlos Monaco

La familia Plaza se forjó en Mar del Plata, a mediados de los años 30. De raíz española, el matrimonio se instaló en la ciudad costera, que comenzaba a vislumbrar su horizonte de futuro como centro turístico. Doña Flora no dudó en inducir a sus hijos por el camino de los buenos valores de la época, por lo que sus vidas se acotaban al seminario católico o la carrera militar. La mayoría escogieron los hábitos, pero sólo dos fueron curas: Santiago, párroco de Bragado por treinta años y Antonio, destacado miembro del clero nacional por su calidad de Arzobispo de La Plata y capellán de la Policía Bonaerense durante los años del terror. Otro de los hermanos dejó los hábitos seducido por el amor de una mujer y con el desarrollismo de Frondizi se convirtió en Cónsul en San Sebastián. Al mayor de sus hijos lo llamaron Santiago. Le dicen Coco.

En la vereda de calle siete miramos para arriba y el edificio se torna interminable. Vamos hasta el piso quince, por lo que decidimos tomar el ascensor que sube con tanta velocidad que se nos tapan oídos. Cuando llegamos nos encontramos con pasillos angostos, casi laberínticos, colmados de puertas. Tocamos una y nos atiende nuestro entrevistado que está algo inquieto porque tiene otros compromisos inmediatos, pero se sienta a conversar. En un suspiro larga sus preocupaciones y se predispone a revisar su historia entregándose a la luz roja del grabador sobre la mesa.

“Mi viejo era desarrollista, andaba con Frondizi y cuando ganó Frondizi la presidencia de la Nación lo designaron, en el ‘58, por la cancillería como Cónsul en Cádiz, San Sebastián, España. Y estaba el hermano de mi viejo, que era obispo de Azul, que en el 55 lo encanan, bien encanado por supuesto como obispo”. El padre de Coco era Profesor de Historia y de Geografía, lo que le permitió abrir una Academia de Geografía, historia y matemática, en Villa Urquiza, Capital Federal. Más que su formación académica, fue la relación de su hermano obispo con los digitadores del poder nacional, lo que le permitió su nombramiento diplomático.

El 12 de octubre de 1962 la familia Plaza vuelve de España en barco. Con un bachiller de orientación en letras y títulos universitarios en inglés, sin pensar que en un futuro sería profesor en el secundario y empleado del Banco Río, en el ’64  Coco ingresó como colimba en el Servicio Militar, al mismo tiempo que la militancia política comenzaba a florecer. “Yo empecé en el año 63-64 en las primeras formaciones de Tacuara, después Tacuara tuvo sus derivaciones: los que no tenían -como digo yo- una cierta evolución de corte ideológico, por eso que te da el contexto del pensamiento donde las sensibilidades empiezan a percibir otras cosas, donde la ideología se expande y evoluciona y no se encasillan ni encuadran que, terminaron en un nefasto CNU (Concentración Nacionalista Universitaria) colaborando con las fuerzas represoras”.

La fluidez con que deja llevar su discurso nos hace pensar que durante muchos años procesó el desarrollo de los acontecimientos y las ideas de aquellos tiempos. Cuenta que en los inicios con Tacuara “andábamos en banditas, grupitos o cosas así, reuniones: era una militancia más snob, donde recién te estabas incorporando al pensamiento, donde estabas obnubilado por un nacionalismo folclórico, digo yo, seudoderecha, por no decir derechoso que todavía sonaba eso de Dios Patria y Hogar”.

Se ve en Santiago a un hombre tranquilo, pero con ganas de hacer muchas cosas. Después de nuestra entrevista irá a encontrarse con otra gente para organizar un evento. En su juventud vivió mucho de acción. Cuando salió de la clandestinidad fue para ser parte de Montoneros y como trabajaba en el banco Río, fue el encargado de tomar la dirección de bancarios peronistas de la JTP de la regional La Plata, Berisso y Ensenada.

La oficina es amplia y tiene una gran vista a la avenida siete. Antes nos había llamado la atención ver las torres de la catedral desde una altura parecida, pero desde algunas cuadras. La historia de Coco y el placer con que la cuenta nos hace olvidar esas imágenes para concentrarnos en su relato. “A mi ya estaban buscando, yo en noviembre del ’75 tuve que levantar porque yo era –como- delegado gremial en el Banco Río, porque el delegado gremial oficial era el Negro Vale (un entrerriano morochón, mestizo él), a él lo levantaron y apareció en un sanjón y lo dejaron por muerto, luego se pudo recuperar –bah, más o menos-, lo dejaron después en el Hospital Bancario en Capital, pero no quedó nunca bien, tanto es así que hoy lo ven en las esquinas hablando solo.”

Sin poder renunciar al banco por no tener tiempo un avión lo llevó a Ushuaia y en la parada de Río Gallegos lo sorprendió lo que había pintado en la pista: “Isabel hija de puta”. De Ushuaia a Trelew y después a Puerto Madryn. Para hacer el pasaporte volvió a La Plata y desde ahí pensaba en un nuevo destino. El 20 de abril de 1976 se fue a México comentando a la gente que se iba a Canadá para que no lo descubrieran. “Yo me recibí de periodista en el avión, porque mi primer trabajo fue a los pocos meses de estar ahí, fui jefe del diario “El Heraldo” de Toluca, a raíz de que mi compañera como periodista había conseguido trabajo en ANPE (Agencia Nacional Periodística), (…) incluso llegué a ser un periodista estrella, me tenía que quedar hasta las cuatro de la mañana a analizar una plana antes de que llegue a la calle”.

Una vez instalado en México, aunque según cuenta él seguían con miedo, se encontró trabajando en el Comité de Solidaridad con el Pueblo Argentino (COSPA, que lideraba Rodolfo Puiggros), que era un organismo de denuncia formado por varias agrupaciones. Allí tenían varios trabajos: “Sacábamos el boletín del COSPA, las reproducciones de Evita Montonera para traer acá, hacíamos denuncias, archivos fotográficos, estábamos muy relacionados con la prensa de allá.”

Comienza a dibujarse una sonrisa en su rostro y se sienta un poco más derecho. Están por salir de su boca palabras que tal vez nos sorprendan, más que nada a nosotros, los jóvenes. No por los vocablos, sino porque habla de las peñas que se organizaban allí y de gente famosa de su época. “Yo me acuerdo que Naldo Labrín, era músico de Neuquén que tenía un conjunto folklórico los Huerque Mapu”, hasta contaban con músicos, músicos compañeros que incluso a veces les escribían canciones, o a lo mejor relataban la vida de algún guerrero muerto en combate. (…) Me acuerdo que otra vez había llegado de Italia, con un quilombo de pasaporte trucho que tenía… Alfredo Zitarrosa (…) y lo fuimos a buscar esa mañana, ahí lo llevamos al COSPA, lo invitamos y empezó a tocar en las peñas”

Una de las historias de Coco, meses días posteriores a nuestra entrevista cobró vida. “Tucho Valenzuela era un compañero que había caído, y estaba él y la compañera en una de las cárceles en Rosario. A él por una maniobra de Galtieri lo sacan de la cárcel y lo mandan los servicios argentinos en una misión diciéndole que le voleteaban a la mujer acá si no cumplía con determinados fines por el cual lo enviaban a México, que eran el de infiltrarnos a nosotros y detrás de él iban los servicios”. Este compañero se despidió de su compañera y “ella le dice jugate todo, no te preocupes por mí, y así estábamos todos, jugados. Llegó a México, lo primero que hizo en el Hotel Del Prado fue una conferencia de prensa para decir que era enviado por militares argentinos y denunció a los milicos de los servicios que iban con él”.

De esta historia, Miguel Bonasso escribió un libro, ya que tanto Coco como él estuvieron presentes ese día. Pero lo novedoso es que días después de la entrevista, en uno de los diarios más populares del país, Clarín, encontramos una noticia referida a este relato. “Encuentran a la hija del Montonero que salvó a Firmenich en México” titula Daniel Santoro su nota del miércoles 24 de diciembre de 2008, y cuenta el hallazgo de Abuelas de Plaza de Mayo de la nieta número 96 de los desaparecidos en la última dictadura militar.

“Su madre Raquel Carolina Negro fue asesinada como represalia porque su padre, el comandante montonero Edgar Tulio Valenzuela, salvó a Mario Firmenich y al resto de la cúpula montonera de un asesinato en masa en México planificado por el ex dictador Leopoldo Galtieri en 1978. Su hermano mellizo nació muerto durante el parto clandestino en un hospital militar. Y sus huellas se había perdido durante treinta años mezcladas en una trágica historia de la represión ilegal. Hasta que ayer las Abuelas de Plaza de Mayo anunciaron que fue encontrada y se le restituirá su identidad, convirtiéndose en el nieto número 96 recuperado por esa organización.”

Cualquier persona al ser conocido del Presidente de una Nación repartiría orgullo por donde sea y abriría grande su boca al hablar de la relación que tienen. Pero Coco Plaza ve esta relación como una más de las que tiene en la vida, y no con ese grado de importancias de poder. “Nos conocimos antes de que Néstor sea Presidente. O sea, teníamos referencia ¿por qué? Porque ella estaba en la JUP y yo estaba en las JTP, pero dependíamos de la misma…” Como sintiendo cierto pudor antes de decir, de que esa palabra surja de su boca, ese manantial conceptual que por momentos parece llenársele de historia los ojos y cuenta más rápido hasta de lo que puede captar el grabador, pero sigue. Pero en ese momento frena, dice: “…pertenecíamos a la misma…”, parece que hay una palabra ¿o concepto de corte netamente guerrillero que se anima a mencionar? “Sí, Célula” Dice uno de nosotros. “EXACTO”, responde él con un tono militar, como quien asiente la palabra de superior.

“Sí mi hermano se reunía con el flaco Kirchner y otros, ahí en la pensión de calle 1 y 45 a tomar mate y charlar, política, y del peronismo, peronismo revolucionario y toda la historieta mi hermano Bocha que está desaparecido (fue acribillado mientras intentaba llamar por un teléfono público fuera del bar donde estaba con un compañero, su cuerpo cayó cortado por la ráfaga de ametralladoras de un grupo de tareas que lo levantó y se llevó el cuerpo, el mismo día que otro grupo se llevaba también de la ciudad de La Plata a los jóvenes de “La noche de los lápices”, 16 de septiembre de 1976)”

Los tiempos violentos pasaron, pero la militancia política sigue y Coco se mueve de aquí para allá organizando cosas. La entrevista se pasa en gran parte para otro día. Volvemos a hacer el ritual del ascensor y el timbre en la puerta de la oficina. Otra vez Coco está con papeles en la mano, haciendo cosas. “Subió y tiene la banca gracias al Frente Para la Victoria, con Cristina en la boleta, y en la (Resolución) 125 le votó en contra. Entonces –mínimamente- que haga un acto de reivindicación y descajonee ése, a pesar de toda la guita que debe estar recibiendo de las corporaciones, de los Bancos y demás. A esta altura qué me voy a callar la boca… esa es la pelea,  jo-jo-jo”. Se sonríe notando la efusividad, en esa carga simbólica y valor real de lucha, que muestra al hablar con dos jóvenes cercanos a la problemática.

El señor al que hace referencia se llama Roberto Baladrón, es Diputado Nacional y tiene, desde hace un tiempo, frenado un proyecto de Ley para regular la situación laboral  de los teleoperadores, presentado por Miguel Bonasso en 2005. El proyecto tiene por objeto normalizar la situación laboral de los teleoperadores o telemarketers, que actualmente se encuentra sin regular y las condiciones de trabajo de los operarios son inhumanas. “La cuestión es que todavía está cajoneado eso ahí, no salió, sigue sin regularse, es una deuda pendiente legislativa por salud de los pibes. Porque toman a todos pibes que están fresquitos del bocho. Ellos ahí trabajan de pared de la empresa para recibir todas las broncas de la gente que llama, y eso  penetra, penetra en los registros. Conozco cientos de casos: ¡¡están locos los pibes!! Hay muchos juicio”.

Siempre interesado en la realidad, formando parte y accionando sobre ésta para modificarla en sus aspectos negativos. Modificarla ya no desde ‘los fierros’ –tomado de la jerga popular, lo usa en mención a las armas empleadas durante la militancia en la clandestinidad de los ’70-, sino ahora lo que se pretende desde la palabra y las gestiones políticas, solucionar realmente las problemáticas; algunas de estas siguen desde aquellos años y otras actuales se han ido incorporando por las nuevas tecnologías o nuevos tiempos.

“Quiero llegar a ver plasmado por lo que uno que tanto luchó y por lo que tantos quedaron en el camino, sobretodo por estos segundos”. Santiago “Coco” Plaza se replantea un motón de conceptos que fue procesando durante mucho tiempo en su cabeza y en su historia. De nuestros labios sale una pregunta referida a la angustia, por qué él sentía eso. “ Angustia de no poder llegar a ver lo que uno siempre anheló, de irse de acá sin que esté la cosa más o menos bien, pero para siempre con proyección a largo, eso sería querer, no te dan los tiempos, los años te pasan y querés hacer cosas”.

Sus palabras parecen de un hombre frío hablando de sentimientos, pero es la filosofía la que brota de sus pensamientos y logra imponer una sus conclusiones empiristas: “Yo me siento parte de la naturaleza, es lo visible y lo tangible y que como hombre podés, a partir de tu voluntad iniciativa dominar ciertos aspectos, por lo tanto el amor mío es la naturaleza en sí, llámese naturaleza no sólo las plantas, los perros el todo, todo lo que es visible y tangible. Y estar metido ahí siento un gran amor hacia eso. Es más, siento que yo soy amor. Y que si soy parte de ese todo y tengo la capacidad del pensamiento, del análisis, de la conciencia de serlo y que yo soy hasta como un co-creador con el creador inteligente, algunos lo llaman Dios; pero si hay una conciencia universal que orienta las cosas a que sean como son. Y uno es parte de eso, eso el amor.”

Una historia como tantas que dio la sociedad argentina, en donde la gente puede hacer política desde muchos ámbitos, pero sobre todo donde hubo y hay gente que se animó a llevarla a cabo, enfrentando incluso a personajes macabros dentro de su propia familia corriendo el riesgo de terminar en la locura o en el cementerio.

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