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¿Qué sabe usted acerca de la Apitoxina?


Una investigación realizada recientemente echó luz sobre los perjuicios que podría ocasionar el uso de la denominada apitoxina, una sustancia proveniente de las abejas y que algunos médicos utilizan con el fin de mejorar la salud de sus pacientes. El testimonio de una de las damnificadas, los costos de un tratamiento de este tipo y la versión de la medicina tradicional con respecto a esta supuesta “droga”.

Por Juan Pablo Rigotti, Vanina Da Silva Brito, Pablo Delgado, Emanuel Gabotto Repetto, Gabriela Svetlik y Gisele Vallejos

En la ciudad de La Plata hay médicos que utilizan una sustancia que denominan “Apitoxina”, atribuyéndole dones curativos. Tal es el caso del Dr. Luis Ernesto Zapata Valencia, cuyo proceder en la aplicación de la Apitoxina no es adecuado, debido a que esta sustancia no se encuentra contemplada legalmente. Esto se debe a que existe un desconocimiento total acerca de esta sustancia en los organismos correspondientes, como el Ministerio de Salud, ANMAT y Farmacología.

El uso indiscriminado de la Apitoxina configuraría una práctica de mala praxis, ya que su utilización puede provocar dolencias y efectos adversos en los pacientes, pudiendo causar -inclusive- hasta la muerte.

Hasta el momento se pudo comprobar que existen varios casos de damnificados que han sufrido graves consecuencias luego de que Zapata Valencia les aplicara Apitoxina.

Una fuente reservada relató: “…Conversando con una conocida, me dijo que había un médico que daba inyecciones que se llamaban Apitoxina, y que calmaban los dolores. Y al ver que el tratamiento anterior no me daba resultado y que tomaba medicamentos que tampoco me hacían efecto, le pedí la dirección y fui a ver al doctor Luis Zapata Valencia. Yo le pregunté qué era lo que me aplicaba y él me dijo que era veneno de la abeja. No me hizo ninguna prueba para ver si era alérgica a la sustancia. A los pocos días de iniciar el tratamiento, mientras descansaba, empecé a tener calambres en las piernas; tenía muchísima taquicardia y se me empezaron a hinchar los pies, los tobillos y la cara. Cuando fui a la siguiente sesión le pregunté al médico si lo que me pasaba se debía al tratamiento, pero me dijo que no. A raíz de eso me asuste y no fui más…”.

Por otra parte, existe un dato que es preocupante: quienes utilizan esta sustancia son médicos profesionales y matriculados. Se pudo verificar que Zapata Valencia se encuentra inscripto en el Colegio de Médicos de la Provincia de Buenos Aires, distrito 1 (ubicado en 51 Nº 723); es decir que su número de matrícula se corresponde con sus nombres y apellidos. Este médico -tal como figura en la chapa de la puerta de su domicilio (donde atendía), como así también en recetas con indicaciones que daba a los pacientes- se anuncia como médico generalista.

De acuerdo a lo expuesto en un informe elaborado por un médico clínico y legista de amplia trayectoria, “en la Argentina, esta definición se puede remitir a dos cuestiones”:

“Por un lado, aquel médico que no se limita a determinado grupo de edades, ni se circunscribe a determinados tipos de enfermedades; presta atención al individuo, familia y comunidad. Es un médico que realizó algún tipo de post grado supervisado (en pediatría, clínica médica, obstetricia / ginecología y cirugía) en un centro autorizado. Esta especialidad es reconocida por el Ministerio de salud. El médico aprende lo básico de las cuatro especialidades citadas anteriormente”.

“Por otra parte, pueden ser aquellos que al no tener título de especialista se anuncian como generalistas o clínicos (sin embargo, éstas son especialidades)”.

Poca información

Aquella persona que desee conocer o profundizar en las propiedades y/o características de la sustancia denominada apitoxina, no hará más que descubrir un gran vacío al respecto. En Internet se pueden encontrar páginas de quienes denominan Apitoxina al llamado “veneno de abejas”; en algunos casos, son las mismas personas que se dedican a la producción de la sustancia, que la distribuyen, la aplican y la promocionan. Advierten supuestos dones curativos para problemas de salud (como la artrosis y el reuma) y ciertas contraindicaciones. Por otro lado, en diálogo con un apicultor, éste detalló que si bien estaba al tanto de las infinitas cualidades de la abeja, desconocía absolutamente la sustancia en cuestión, que se aplicaría como un calmante para ciertas dolencias.

Ningún organismo oficial -como el Ministerio de salud, Anmat y Farmacopea (código oficial donde se describen las drogas, medicamentos y productos médicos necesarios)- tiene registrada la Apitoxina, ni posee información sobre este tratamiento.

La Facultad de Farmacia de la Universidad Nacional de La Plata fue otro de los ámbitos donde se intentó conseguir una respuesta, ya que si bien los estudiantes observan y estudian los procesos químicos y tratamientos varios, se pensó que podrían haber trabajado o estudiado a este tipo de consultas “alternativas”. Sin embargo, se constató que allí no se sabía nada al respecto.

El desconocimiento acerca de esta sustancia permite que, indirectamente y de cierta forma, algunos médicos traten a sus pacientes utilizando la Apitoxina. No obstante, y mediante el acceso al informe realizado por una fuente especializada, se pudo saber, de acuerdo a ese dictamen, que la sustancia podría ser perjudicial para la salud por varios motivos: no es una droga standarizada; existe un desconocimiento absoluto sobre ella; no existen estudios científicos sobre sus propiedades curativas ni sobre su injerencia en el cuerpo humano.

Marco legal

El uso y aplicación de la sustancia denominada apitoxina en seres humanos configuraría una práctica de mala praxis, ya que tanto la Constitución Nacional como el Código Penal y Civil, y especialmente la Ley de ejercicio de la medicina, contienen artículos que se ocupan de las prohibiciones impuestas a los profesionales médicos, respaldando al ciudadano perjudicado. Del mismo modo, la asociación Médica Argentina impone multas a los responsables de estos casos, que podrían llegar a 15 mil pesos. También se puede inhabilitar el título profesional, desde 2 años a realizarlo de por vida. Vale decir que cabría también la pena de prisión para el médico que incurra en lo dicho anteriormente, pena que iría de uno a varios años de cárcel.

En definitiva, la utilización de dicha sustancia puede provocar graves consecuencias para la salud de las personas, y en algunos casos se podría llegar, incluso, a comprometer seriamente la vida del paciente. Este tratamiento comprende un negocio, ya que quienes utilizan esta sustancia cobran un arancel que -según se pudo constatar en esta investigación- ronda los 50 pesos por consulta.

Esta investigación se orienta a la desmitificación de la “Apitoxina”, en tanto “droga” o “medicamento” de probada eficacia para el mejoramiento de la salud humana. No existen estudios serios que permitan establecer supuestas propiedades curativas, como así tampoco una probada eficacia en el cuerpo humano.

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Categorías:investigaciones
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